Hasta hace unos años, la Astronomía y la Astrología eran una sola ciencia y la gente las usaba para entender tanto a la Naturaleza como a su propia personalidad. Fue sólo hace 300 años que ambas ciencias se separaron, debido a una falta de entendimiento de las llamadas mentes científicas.
Hoy vemos el resultado de dicha separación. Aunque hoy en día podemos entender y controlar la naturaleza hasta un punto que era inconcebible unos años atrás, sicológicamente no somos mejores que lo que éramos 2.000 atrás. Por el contrario, en muchas formas podemos decir que los niveles de stress y aislamiento han empeorado.
Nuestros antepasados usaban historias o cuentos para comunicar las enseñanzas relativas al Hombre y al Universo. Dichas historias les permitían revelar y ocultar al mismo tiempo las enseñanzas más internas.
Una de esas historias es el mito de Urano que relata: En el principio solo era Caos, y de este salió Gaia, la diosa de la tierra. Gaia dio a luz a Urano, quien además se transformó en su pareja. De la unión de ellos, salieron diversos seres como los ciclones y los titanes. Pero a Urano, dios de los cielos, no gustó de sus hijos humanos y los volvió a la matriz de Gaia. Gaia no contenta con su comportamiento, convenció a su hijo Saturno, también conocido como Cronos, que le ayudara. Saturno castró a Urano con ayuda de una guadaña y tiró sus genitales al mar, de donde nació Afrodita, Venus. Cuando Urano fue castrado algunas gotas de sangre cayeron al suelo, y de ellas nacieron la Furias, que son las diosas de la venganza, la ira, la represión y el nunca acabar.
Nosotros estamos familiarizados con el hecho de que cada vez que intentamos un cambio de comportamiento, algo nos trata de detener. Primero la energía del pasado, Saturno interviene. Si esta no consigue que nos detengamos, las Furias intervienen. Estas pueden ser tanto internas como externas y la única forma de conquistarlas es a través del amor, la energía de Venus.
En esta historia, Urano, representa los cambios dentro de nosotros mismos, en otras palabras nuestra individualización, que es el proceso que nos impulsa a mejorar.
Esta historia, así como muchas otras, nos da una clara indicación del entendimiento que los antepasados tenían de los ciclos y de las influencias de los objetos celestiales, tanto en la Naturaleza como en los seres humanos.